La mayoría de personas jamás llegan a su máximo potencial.
Algo siempre se interpone en el camino.
O es la vida, o el gobierno, o una persona cercana, o son las circunstancias, o es la falta de tiempo, o son las obligaciones, o es uno mismo y las limitaciones de su mente.
Casi siempre te quedas insatisfecho, soñando con haber hecho más o con simplemente terminar.
El resultado es una persona consumida por su trabajo y sus obligaciones.
Les gustaría alimentarse mejor, cuidar de su físico, entrenarse, dormir más, pasar más tiempo con los seres queridos...
Pero la rutina los tiene agarrados de los huevos.
Cargar con la vida que llevan los está consumiendo.
Y un día tras otro sigue siendo igual.
No hay tiempo para lo que te gustaría, mucho menos para cuidarte y ponerte en primer lugar.